Miami
Una previa de crucero
La ciudad cada vez está más radiante. Se nota que es pujante y que en ella el tiempo avanza.
Desde su puerto zarpan cruceros de toda clase todo el año. En el pasado habíamos tomado uno por las Antillas Menores y otro por el sur del Caribe que cruzaba el Canal de Panamá.
Decidimos entonces tomar el Norwegian Cruise por el oeste del Caribe - Western Caribbean. Zarpaba a mediados de enero desde Miami, por lo que llegamos unos días antes como para estar tranquilos y pasear.
Elegimos hospedarnos en Brickell. Encontramos el hotel Indigo en un precio razonable, atento a lo costoso que resulta el tema alojamiento en la ciudad.
Desde allí nos resultó fácil movernos, sea en Uber, tren e, incluso, el trolley. Desde el aeropuerto llegamos en el tren, con una buena conexión.
Al día siguiente, tomamos el trolley de Miami, que tiene una app que te orienta sobre las paradas. Son distintas líneas que recorren los puntos principales de la ciudad. Es gratuito y su frecuencia es bastante fluida.
Desde el barrio tomó un poco más de media hora llegar hasta Wynwood Walls, para perdernos por sus coloridas calles, tratando de descubrir nuevos murales y grafitis.
Es la zona de los artistas emergentes y se nota que logró imponerse en el mundo del real state pues hay construcciones por doquier.
De allí, partimos -en otro trolley- rumbo al Design District, de nuevo, para deambular entre los escaparates de las grandes marcas que son un atractivo en sí mismo.
Luego, dedicamos un tiempo para las imprescindibles compras en Midtown Miami. De regreso dudamos en ingresar al Pérez Art Museum, el que habíamos visitado tiempo atrás, pero no nos resultó tan interesante la propuesta de exhibición temporaria disponible.
Al día siguiente, decidimos recorrer Brickell y sus muelles. También nos perdimos por su shopping, el Brickell City Center, antes de prepararnos para abordar nuestro crucero.
Aquí una aclaración. El puerto de Miami es gigante. Ese día había ocho preparados para partir, razón por la cual resulta fundamental ser precavido y llegar con tiempo ya que el viaje en Uber o taxi puede demorar y mucho.
Una vez hecho el check in y ya en el gigante hotel flotante fuimos a descubrir nuestro camarote. Habíamos decidido jugarnos con la opción del camarote club suite con balcón, por lo que era muy espacioso y cómodo.
La línea Norwegian ofrece un paquete con bebidas incluidas, por lo que nos resultó muy tentador tomar tragos como aperitivos y luego de las comidas.
Los cruceros -usualmente- ofrecen una variedad de restaurants incluidos en el paquete, algunos buffets y otros a la carta, y otros tantos de especialidad, esto es de pago.
En verdad, el negocio del crucero, desde nuestro punto de vista, es la venta de los extras, como restaurants de especialidad, tours en los destinos, internet, productos típicos de free shop, juegos (como rifas o bingos) y, por supuesto, el casino.
En nuestro caso, siempre terminamos priorizando la comida chatarra, por lo sabrosa que resultaba. Por ello, nuestro bar restaurant favorito terminó siendo el O'Sheehan's, con su propuesta de platos clásicos de un pub irlandés, como el Fish n' Chips, el Pub Hot Dog, o la Blue Cheese Burger.
Teníamos incluido en nuestro paquete dos cenas en restaurants de especialidad, por lo que elegimos probar Cagney's Steakhouse, una parrilla que ofrece cortes de carnes estilo americano, donde se sirve carne Black Angus. Otro día hicimos reserva en Moderno Churrascaria, un restaurante de carne al estilo brasileño, tipo espeto corrido, es decir mediante el método de cocción lenta de carnes en un hierro o espada larga, las que son servidas en la mesa por los gaúchos. Muy divertido y rico. En la mesa unas tarjetas tienen un lado verde y el otro rojo. Si uno pretende ser servido y que empiece la ronda de pasadas de los gaúchos con las espadas largas con distintos cortes es cuestión de ponerla en verde y darla vuelta cuando ya se esté satisfecho. Así funciona.
El itinerario elegido implicaba dos días de navegación y stops en cuatro países. Primero visitamos Roatán, la isla de Honduras conocida por su propuesta para los amantes del snorkeling y el buceo. Luego, un día completo de playa en el resort de propiedad de la empresa naviera en Belice, esto es, en Harvest Caye.
Al día siguiente, el gigante amarró en Cozumel, la isla más grande de México, en el extremo de la Península de Yucatán.
Luego del segundo día completo de navegación desembarcamos en Nassau, la capital de Bahamas, donde decidimos recorrer y pasear y no priorizar tanto la playa y el mar.
Por fortuna, nos tocaron todos días de sol, en los que cada nube era apreciada por lo fuerte que resulta por momentos.
De regreso, luego de siete días de crucero, con exceso de peso, debido a que resulta imposible no caer en la tentación del sistema de todo incluido, en el que terminamos comiendo y tomando de más, ya en el puerto de cruceros tomamos un Lyft rumbo al Aeropuerto Internacional de Miami. Nos esperaba un vuelo de menos de tres horas rumbo a Guatemala, para poder tildar de nuestra lista el caminar por las empedradas calles de la Antigua.