Guatemala

La Antigua, los pueblos del lago Atitlán y un poquito de Ciudad de Guatemala

Fue Saira, la guatemalteca experta en bienestar, quien inspiró a @tripticity_ a llegar hasta Guatemala. Durante las horas de masajes, ella supo convencerme de que era un destino imperdible. Relataba con tanto amor los atractivos de su Guatemala natal que pasó a estar en la lista de pendientes. Luego, el señor @tripticity_ tuvo la idea de combinarlo junto a viaje a Miami, en el que tomamos un crucero por Honduras, Belice y México.

Sabíamos que nuestro principal interés era descubrir La Antigua, a la postre uno de los más bonitos pueblos coloniales en el que hayamos estado.

Tomamos un vuelo de menos de tres horas desde Miami. Al llegar, el aeropuerto estaba súper lleno de gente, por lo que nos contactamos vía Whatsapp con Giovanny, el taxista que nos había recomendado Saira y coordinamos encontrarnos al salir. Rápidamente, nos subimos en su vehículo y partimos rumbo a La Antigua.

El camino, aun en autopista, se congestiona fácilmente. Siendo fin de semana, la situación era más compleja. Igualmente nos divertimos viendo la variedad de productos que los vendedores ambulantes ofrecían a los agobiados conductores: bebidas frescas, galletitas, plataninas, hasta helados servidos con agilidad.

Como no podía ser de otro modo, nos tentamos con las plataninas, rodajas de plátanos fritos con sal, simplemente deliciosos.

También nos resultó entretenido conocer los Chicken Buses, el transporte de bajo costo por excelencia de los guatemaltecos. Se trata de antiguos colectivos escolares de Estados Unidos, reconvertidos en transporte de media distancia. Se encuentran totalmente pintados con colores y motivos bien llamativos.

El viaje desde el Aeropuerto Internacional La Aurora hasta La Antigua puede tomar desde un poco menos de una hora hasta dos o tres, dependiendo de cuánto tránsito colapsa la autovía.

En nuestro caso, pasada una hora y media llegamos a La Antigua.

El nombre originario de la ciudad fue la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala. Se sitúa a unos pocos 40 kilómetros de la Ciudad de Guatemala.

Se encuentra en una zona sísmica conocida como el Cinturón de Fuego del Pacífico. Fueron los numerosos terremotos los que motivaron la reubicación de la capital a la actual Ciudad de Guatemala.

Una vez en el pueblo, el auto empezó a zarandear de un lado a otro, es que casi todas sus callecitas son empedradas, como lo eran en la época de la colonia.

Habíamos contratado el hotel Gran Plaza Euromaya, por su ubicación estratégica justo a unas pocas cuadras del principal atractivo de la ciudad, el Arco de Santa Catalina. Pero resultó bastante decepcionante que no honrasen la tarifa contratada en la plataforma de reserva de hoteles. Además, no nos hicieron la habitación. En pocas palabras, poco recomendable.

Hicimos el check in y partimos para tomar la clásica foto con el Arco y el volcán de Agua por detrás. El día estaba súper despejado con lo cual disfrutamos de esa impactante postal.

Como casi todos los pueblos de Guatemala, La Antigua se encuentra rodeada de volcanes, sobresaliendo el Acatenango, el Pacaya y el Volcán de Fuego.

Luego paseamos por el Parque Central. Una aclaración, en Guatemala, se le llama parque a lo que en otras partes de Latinoamérica se dice plaza. Continuamos por la 3ra. Oriente, perdiéndonos en la belleza arquitectónica de sus casas coloniales, bien coloridas, hasta el hotel Casa Santo Domingo, en el que fuera el antiguo convento.

Luego nos venció el cansancio, tras una larga jornada en la que habíamos llegado en crucero por el Caribe hasta el puerto de Miami y luego tomar el vuelo, por lo que justo al lado del hotel había un Taco Bell en el que picamos algo y nos fuimos a descansar.

Esa noche se puso fresco, es que el clima en La Antigua Guatemala si bien es templado, puede registrar variaciones de temperatura entre el día y la noche.

Para el día siguiente habíamos contratado un tour que partía a las cinco de la mañana. Queríamos conocer el lago Atitlán y algunos de sus particulares pueblitos costeros, doce, que llevan nombre de los apóstoles.

Otra excursión popular desde La Antigua es al mercado de Chichicastenango; y qué decir de la cantidad de tours que se ofrecen para los amantes del senderismo, como el que llega hasta el Volcán Pacaya.

Contratamos el tour en la agencia que funciona en el hotel, otro fiasco. Nos resultó muy poco seria.

Partimos en una combi cómoda, para un viaje de más de dos horas por una carretera con giros constantes, entre las cuestas.

El Lago de Atitlán es una masa de agua rodeada de volcanes, lo que le otorga su singular belleza. Tiene unos trescientos cincuenta metros de profundidad y veinticuatro kilómetros de extensión.

El tour incluía el paseo en barco, que funcionaba de transporte en la visita a tres de los pueblos mayas que surgieron en sus costas.

Cada pueblo que rodea el Lago de Atitlán tiene su propia identidad.

Arrancamos en Panajachel, el centro urbano más significativo. Desde allí tomamos nuestro pequeño barco que nos llevaría a los siguientes pueblos.

Luego visitamos San Antonio Palopo, desde donde pudimos tener una vista impresionante de los volcanes que rodean el lago. El día estaba súper despejado por lo que la imagen fue gloriosa. Allí visitamos un taller de cerámica. Era fin de semana, por lo que Zoila, la indígena que nos mostró el proceso, no tuvo reparo en reconocer lo dormida que estaba.

Tomamos la lancha nuevamente para un viaje corto hasta Santiago de Atitlán.

Allí nos explicaron que los indígenas que allí viven conservan hasta la actualidad uno de los veintidós dialectos mayas, el tzuthuil.

Primero nos sugirieron contratásemos el almuerzo, definir el plato a degustar para que se fuese preparando mientras hacíamos el recorrido por el pueblo. Por supuesto, lo hicimos.

Luego pagamos al tuk tuk que nos llevaría en el recorrido. Paramos en un mirador para unas fotos bien bonitas del lago y sus volcanes, luego la visita al chamán. Se trata de una imagen de un sacerdote, Mashimo Maximón, llamado rilajman en el dialecto local, lo que significa el gran abuelo. La gente del pueblo le pide salud, dinero y amor. Durante todo un año se queda en la casa de una familia, cumplido el cual lo cambian de casa, justo para el 10 de mayo. La casa es elegida por los abuelos, en ceremonias en las que le dan ron o aguardiente. También es costumbre regalarle corbatas. Lo peculiar, que evidencia el sincretismo propio de Latinoamérica, es que el chamán, durante las celebraciones de la semana santa, hace el papel de Judas Iscariote, durante el vía crucis del viernes santo.

Nos trepamos nuevamente en el tuk tuk hasta la segunda iglesia más antigua de Guatemala, la de San Juan Apóstol. Había terminado la ceremonia, por lo que fieles de todas las edades se encontraban en plena tarea de limpieza. En su exterior, sobresalen las veinte gradas, lo que coincide con los veinte días de cada mes del calendario maya. En su interior, destaca la conmemoración al beato Stanley Francis Rother, quien murió como consecuencia de la guerra civil que afectó el país. Su corazón se encuentra allí, en la iglesia de Santiago Apóstol.

Todos los indígenas estaban ese día con sus trajes típicos de gala; los varones con sus pantalones (los cutos), faja y camisa, y las mujeres en sus huipil.

Al salir nos llamó la atención una familia de locales que se notaban que acababan de participar de las ceremonias religiosas. Eran Salvador Chumil, su esposa y su pequeña hija Concepción. Ante nuestro interés por lo que estaban por comer no dudaron en contarnos que se trataba del tamal en hoja de maxán.  

De allí partimos al taller de un artista plástico, Calin, quien trabaja con la técnica de vista de pájaro, un punto de vista cenital, y hacha, o vista de hormiga, con la perspectiva desde abajo, mediante la utilización del puntillismo.

Cuando terminamos el recorrido, nos dirigimos hasta el restaurant para deleitarnos con una mojarra frita y unos camarones “de la muerte”. La ocurrente presentación de los platos era propia de un restaurant con estrellas Michelin, lo mismo que el sabor de esos manjares que decidimos acompañar con cerveza local.

Por último, visitamos San Juan La Laguna, súper concurrido con el típico circuito de paraguas de colores marcando el pasaje turístico. Allí conocimos una productora de miel local y una fábrica de chocolate, donde lo divertido resultó probar el fruto del cacao silvestre.  

Al regreso a Panajachel nos esperaba otra combi, esta vez pequeña y súper incómoda que nos llevaría de vuelta de regreso a La Antigua. Poco seria la agencia de turismo Cyman Travel, tanto como su prestataria, Magic Travel. ¡A tener cuidado!

Al llegar a La Antigua, celebramos con unos Apperol Spritz haber llegado a conocer esos pueblos mayas en los que aún se conserva su cultura, lo que se comprueba en su gastronomía, en su vestimenta e, incluso, en su propia lengua. Fue en Casa Troccoli, muy cerca del Arco de Santa Catalina, bar restaurant en el que fuese un antiguo almacén de ramos generales que supo conservar su antiguo mobiliario, tanto como sus antigüedades. Una maravilla. Además, cuenta con una vinoteca con ejemplares de los principales centros vitivinícolas del mundo. Fue grato confirmar que allí se encontraban a la venta unos vinos de altura de nuestra Salta natal.

Al día siguiente, tocaba explorar el centro histórico de La Antigua. Iniciamos por la bien bonita Iglesia de la Merced del año 1767.

Luego tomamos un tuk tuk para evitar la tediosa subida al Cerro de la Cruz. Desde lo alto, se obtiene una vista descomunal del centro histórico de la ciudad y de los tres volcanes que rodean la ciudad: Agua, Fuego y Acatenango. Para subir, una recomendación, chequear que el volcán esté despejado, pues es usual que las nubes lo tapen.

Muchos de los conventos de La Antigua se encuentran en ruinas, pero vale conocerlos, como el Convento de Santa Clara, Santo Domingo y las Capuchinas.

En el Parque Central, obviamente destaca la Catedral de San José, con su construcción nueva, pero detrás se encuentran las ruinas de la antigua Catedral de Santiago, con sus columnas y los restos de la cúpula a cielo abierto.

El Arco de Santa Catalina resulta maravilloso, por lo que regresamos para tomar una nueva fotografía con el Volcán de Agua de fondo. Fue construido con el fin de que las monjas de clausura del Convento de Santa Catalina pudieran cruzar entre los edificios sin ser vistas. Luego del terremoto de 1773, se le añadió la torre con el reloj.

Continuamos rumbo a Tanque La Unión. En la época de la colonia, solo los adinerados contaban con lavadero, por eso el pueblo utilizaba estas piletas públicas para asear sus ropas. Su construcción es un ícono de La Antigua.

En el Centro de Formación de la Cooperación Española se encuentran variedad de tiendas locales con artesanías locales.

Y recorrimos el Mercado de Artesanías El Carmen, justo al lado de la Iglesia de Nuestra Señora de El Carmen, en el que se ofrecen los productos locales y souvenirs para los turistas.

También se puede visitar el Museo Nacional de Arte de Guatemala.

Antes de que Giovanny nos buscase de La Antigua para llevarnos de vuelta hasta Ciudad de Guatemala queríamos probar los auténticos tacos guatemaltecos. Elegimos Ta'Cool, sentándonos cerca de la ventana para disfrutar de la vista al Antiguo Colegio de la Compañía de Jesús. Una delicia.

Para el postre, optamos por deleitarnos en Casa Escobar, justo al lado, con otra fenomenal panorámica de esas ruinas. Nos sentamos y disfrutamos de la vista a la fachada de la iglesia mientras saboreábamos una reversión de la créme brulée rellena de chilacayote y la dulce tradición, esto es, plátanos en salsa de mole con el tradicional cacao guatemalteco. Extraordinario. Lo supimos combinar con un rosado de Zinfandel. Resultó perfecto el maridaje.

Para entonces era la hora acordada para retornar a Ciudad de Guatemala. Nos habíamos puesto de acuerdo con Giovanny para que una vez en la ciudad nos llevase a conocer el parque Constitución. Es la plaza principal en la que se encuentra la Catedral Metropolitana de Santiago de Guatemala y el Palacio Nacional de la Cultura.

Habíamos resuelto hospedarnos esa noche en la Zona 10, por su cercanía al aeropuerto, ya que a la mañana siguiente salíamos de vuelta a Miami bien temprano en la mañana.

Así es que elegimos el Wyndham Garden Guatemala City por su buen precio. Pero antes de llegar hasta allí, le pedimos a Giovanny pasar por la Torre del Reformador, todo un símbolo de la ciudad, construido en el año 1935 en honor a Justo Rufino Barrios, un ex presidente de Guatemala. El tránsito allí de nuevo colapsó, por lo que aprovechamos la oportunidad para comprarle a un vendedor ambulante unas plataninas, como para despedirnos de Guatemala con sus ricos sabores.

Esa noche, decidimos tomar unos tragos en el rooftop del Hyatt Centric Guatemala City, justo a la vuelta de nuestro hospedaje, como para celebrar esos tres días intensos vividos en la tierra maya.

Y así nos despedimos de Guatemala sabiendo que nos queda por conocer el Parque Nacional Tikal y sus ruinas arqueológicas mayas en el medio de la selva guatemalteca.