San Miguel de Tucumán 

La ciudad de los bares repletos 

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La ciudad que vio nacer a la Argentina, cuna además de intelectuales, artistas y presidentes de relevancia histórica, es hoy el paradigma del ocaso. 

Poco cuidada, percudida y estrepitosa, la gran urbe del noroeste argentino obliga a andar con precaución, tanto al caminar por sus raídas veredas como por las insistentes advertencias que recibe el visitante atento el riesgo de un asalto.

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Sorprenden las casonas de fines del siglo XIX, en lo alto del cerro en la pintoresca Villa Nougués. Algunas deslucidas y casi abandonadas, son un testimonio de la grandeza de otra época.

Y todo lo empeora la imprecisa información que brinda su oficina estatal de atención turística. La mayoría de los museos, iglesias y centros culturales se encuentran cerrados “so pretexto” de la pandemia, y los pocos lugares abiertos al público lo están en horarios distintos a lo anunciado por el personal del Ente Tucumán Turismo, el que ni siquiera acierta al orientar sobre el estado de las rutas.

Igualmente, la avidez de @tripticity_ por descubrir y hacerse de memorables experiencias lo insta a escrutar interesantes hallazgos. 

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Así, a la hora de reservar alojamiento, un hotel boutique en Yerba Buena es el elegido. Se trata de Casa Lola, una residencia con más de un centenar de años de historia, remodelada en el presente por Lum estudio con una atractiva decoración. Sus siete habitaciones temáticas destacan tanto por su ambientación como su confort. El soberbio desayuno es servido en el living, entre medio de insectos de metal que ornamentan la sala.

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La gastronomía que ofrece su restaurante La Caballeriza es también ponderable. A cargo de Caro Romero, la carta invita a probar su cocina de autor, sea la degustación de brusquetas, un clásico bife de lomo con hongos o un risotto azafranado con costilla braseada. Y a la hora de los dulces sorprende el delicioso suspiro limeño. 

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En las afueras de la ciudad, el monasterio Cristo Rey merece una visita. La obra de los monjes benedictinos es única, así como su tienda de bienes de producción propia, como el “dulmel” (dulce de leche con miel), los dulces de frutas, apícolas, pan casero e, incluso, los cosméticos y fitoterápicos. @tripticity_ tuvo la fortuna de ser recibido por el padre Javier, quien narró cómo es un día en el monasterio y dio detalles de su historia. 

Otra vez en la capital, el Museo de la Industria Azucarera en el parque 9 de julio da cuenta del inicio de esa actividad en el marco de la casa quinta del siglo XIX del entonces obispo Colombres. 

Luego de un anodino recorrido por el Museo Casa Histórica, por todos conocida como la Casita de Tucumán, allí donde la independencia de la Nación Argentina fue declarada el 9 de julio de 1816, sobresale la escultura de la libertad a cargo de la inmortal Lola Mora, feminista de las auténticas, realizada en razón de un encargo del presidente Julio Argentino Roca. Se encuentra en el centro de la plaza principal, en la que también señorea la Casa de Gobierno, un monumento histórico construido a principios del siglo XX, en la época de oro. Su estilo barroco francés, en contraposición al de otros edificios de la cuadra y sumados al de la iglesia catedral, con sus cúpulas de sus torres que asemejan a las de las ortodoxas rusas, ofrecen en conjunto una idea de aquellos años vanguardistas. Toda esa escena se puede apreciar tomando un trago desde la imperdible terraza del café Los Naranjos.  

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Es que en Tucumán los verdaderos protagonistas son sus cafés y restaurantes, siempre llenos de vida social.