Observatorio Ampimpa
Solo para los apasionados de la astronomía
En Tucumán, en la ladera este de las sierras calchaquíes, un observatorio astronómico permite intentar comprender los secretos del universo.
No cuenta con comodidad. Solo para aquél que esté dispuesto a pasar una noche fría, propia de un refugio de altura, en una cabaña pequeña y poco glamorosa; casi como un campamento de aventura escolar.
Quizás sea potable solo para fanáticos que puedan sobrellevar las contrariedades por el solo escrutinio de la luna, el sol y sus coronas, alguna constelación y uno que otro planeta, dependiendo de la luz nocturna según la fase lunar.
La experiencia inicia a la tarde, con una actividad al aire libre autoguiada que cuenta la historia temporal del universo y del planeta que habitamos.
Luego, un video instructivo a cargo del titular del sitio, Alberto Mansilla, enseña en términos simples las inconmensurables distancias del inquieto espacio. También relata a grandes rasgos la historia de la astronomía.
El observatorio fue creado en 1985, con el objeto de observar el cometa Halley, precisamente en Ampimpa por su estratégica ubicación geográfica, a 2560 metros sobre el nivel del mar, con muy pocas nubes y mucha pureza en su cielo.
Después de una cena muy modesta, se inician las desordenadas rondas de observación en grupos reducidos, para ver la luna en su inmensidad y luego alguna estrella.
A la madrugada, Julio, miembro de la comunidad de la zona y a cargo de las visitas al observatorio, pasa por cada cabaña anunciando el próximo avistamiento, que permite vislumbrar a Júpiter, el más grande del sistema solar con sus satélites galileanos (cuatro son sus lunas más notorias). Es el mayor cuerpo celeste después del sol con una clara mancha roja que lo circunda. A continuación, quizás lo mejor de la noche: Saturno con sus característicos anillos.
Para terminar, cuando el sol se dispone a aparecer tras el naciente, se ofrece una vista de sus rayos mediante el uso de un coronógrafo solar.