Desafío Australia
“Dejar que el instinto y el destino te guíen, sin abandonar tu motivación...”
En marzo de 2017 el ciclón Debbie devastó Queensland en Australia, especialmente una linda ciudad costera, Airlie Beach, desde donde zarpaba un crucerito para explorar las islas Whitsundays.
La Gran Barrera de Coral, la especie viviente más grande de la Tierra, que es visible incluso desde el espacio, finalmente la pude conocer -de un modo seguro- desde Cairns, en el norte de Australia. El arrecife tiene una extensión de más de 2500 kilómetros por lo que se lo puede visitar desde distintas ciudades.
En la cena previa a visitar una instalación llamada Field of Light, unas divertidas parejas de viejitos australianos, que para mi suerte compartían mi mesa, me alertaron sobre la gravedad de un asunto.
Yo estaba en el Northern Territory, una de las regiones menos pobladas del mundo y donde se destaca un formación geológica única, Uluru.
En el medio de ese desierto de arenas rojas sobresale este “ombligo” del planeta, que es sagrado para los nativos.
Era tal la emoción de poder ver aquella creación del artista Bruce Munro que -reconozco- en ese momento no le presté demasiada atención a aquella advertencia...
Es que el artista británico, conocido por sus obras a gran escala, montó una formidable instalación lumínica en pleno desierto y con el monolito rocoso de fondo. Se trata de 50,000 bombitas iluminadas al atardecer, creando un juego óptico de colores en el medio de la oscuridad.
La zona se encuentra a gran distancia de la contaminación de las ciudades, por lo que en las noches se puede ver el espacio con extrema claridad.
Además la visita a Field of Light incluye unas ricas burbujas para ver el atardecer desde una duna y una comida en el medio de la nada, ya en la hora que aparecen las constelaciones.
Durante mi estadía en Ayres Rock tome otros tantos tours para completar la Aussie Outback experience; así, visite ruinas arqueológicas, la otra formación rocosa conocida como Las Olgas (Kata Tjuṯa), el Mount Conner, unas salinas de un insólito tono rosa claro, entre otros, pero ninguno se compara a esa noche de luces en Uluru.
Una vez en camino a Airlie Beach para el esperado tour exclusivo para ver los arrecifes de la Gran Barrera de Coral, Debbie se interpuso en los planes, todo se dio vuelta como no podía de ser de otro modo.
Luego de frenar las emociones propias del desconcierto, de un vuelo con destino desconocido y de caer a un hotel de estrellas fugaces, finalmente pude subir a un catamarán ya no tan exclusivo, pero que igual ofrecía el ansiado snorkeling en el arrecife.
Poder ver los colores vivos e incluso fluorescentes de los corales, las almejas gigantes de cerca de un metro, peces de las más variadas formas, tortugas y, en general, la vida marina, todo eso justificó cada llamado a aerolíneas, hoteles y agencias de viaje.
Si bien en el medio del mar, donde no se ve costa alguna, a veces en las swimming session, a personas como yo que son poco afín al agua les puede dar cierto temor, les prometo que en ese lugar todo está pensado para disfrutar. Como buenos anglosajones que son, los australianos tienen todo organizado, con horarios para ingresar al agua para hacer snorkel para los amateurs o buceo para los más audaces, trajes de neopreno para evitar picaduras de aguas vivas, que te hacen sentir que eres Dory en la película de Buscando a Nemo. Incluso cuentan la cantidad de personas que hacen la inmersión tanto al bajar como al subir y tienen disponibles flotadores que te ayudan a no hundirte.
En definitiva, aun cuando un ciclón o lo que sea te modifique los planes, es bueno adaptarse y seguir para adelante, pues siempre algo bueno te esperara para sorprenderte.