Asunción
La capital que despierta
La de Paraguay es una de las capitales más antiguas de Sudamérica; fundada el 15 de agosto de 1537, por el explorador español Juan de Salazar y Espinosa, quien llegó junto a Pedro de Mendoza.
Decidimos conocer la ciudad situada a orillas del río Paraguay cuando se inauguró el vuelo de Paranair, que la conecta con nuestra Salta natal.
Elegimos el fin de semana del carnaval, decisión que luego un poco cuestionamos ya que el intenso calor del verano puede resultar agobiante.
Un dato peculiar de la historia del país es que fue el primero de Sudamérica en independizarse de España, el 14 de mayo de 1811, con un movimiento liderado por José Gaspar Rodríguez de Francia.
Por otra parte, es conocido el devastador impacto que tuvo la Guerra de la Triple Alianza -1865 a 1870- contra Argentina, Brasil y Uruguay, que importó una pérdida catastrófica de territorio y población.
Pues bien, aterrizamos en el aeropuerto internacional Silvio Pettirossi a la siesta, por lo que rápidamente tomamos un Uber que nos llevó hasta el moderno barrio de Villa Morra, una de las zonas más exclusivas y comerciales de la ciudad, con hoteles de varias cadenas, edificios de oficinas, restaurantes y centros comerciales.
Elegimos el hotel Ibis, cambiando unos puntos que teníamos en la aplicación de la cadena, por su estratégica ubicación, sobre la avenida Aviadores del Chaco, a solo unos pasos del Shopping del Sol y del Paseo La Galería, dos de los centros comerciales más importantes.
El Shopping del Sol fue el primer centro de compras de lujo de la ciudad, con variada oferta de marcas internacionales y un supermercado con productos importados que enloqueció al señor @tripticity_.
El Paseo La Galería, por su parte, se destaca por su arquitectura y sus restaurants en las terrazas llenas de vegetación.
Al día siguiente, luego de una mañana de compras, en las que aprovechamos los artículos importados para la cocina, nos mudamos de hotel. Habíamos decidido, como parte del viaje, conocer diferentes propuestas hoteleras. Y eso hicimos.
Para visitar el centro histórico de Asunción nos alojamos en el Hotel Palmaroga, de la colección Tapestry de Hilton.
Después de la pandemia, la zona sufrió una caída muy importante, por lo que los edificios se encuentran en malas condiciones, muy decrépitos.
Pero resultó que justo esos días se alojaba en el hotel una comitiva oficial del gobierno de Alemania incluido el presidente, razón por la cual durante nuestra estancia todo el vecindario estuvo vigilado por militares y policías. Ello nos permitió salir de noche caminando sintiéndonos muy seguros.
De hecho, esa noche caminamos hasta Lido Bar para probar las delicias locales. Iniciamos con un pastelito, como una especie de empanada, rellena con carne de res y queso paraguay, para luego continuar con la clásica milanesa de surubí con mandiocas fritas, y picante, mucho picante. Es el restaurant emblemático de Asunción, abierto desde el año 1953.
Lo acompañamos con un vino blanco como para aliviar el calor que seguía azotando la ciudad. Es que incluso de noche la temperatura no merma.
A la mañana siguiente, al opíparo desayuno le agregamos el riquísimo M’bejú, una tortilla hecha con harina de mandioca, manteca y queso. ¡Delicioso!
Salimos a recorrer las principales atracciones del centro histórico. Iniciamos por la recova en la que los artesanos ponen a la venta sus productos. Lo más destacable sin dudas fue todo lo relativo al trabajo en paja, sean canastos o -incluso- el tradicional sombrero, el que -obviamente- no dudamos en comprar.
Rumbeamos hacia el Palacio de los López, sede del Gobierno Nacional de Paraguay. Un edificio de estilo neoclásico construido en 1857 por orden de Carlos Antonio López para su hijo, el futuro presidente Francisco Solano López, con una muy bonita vista al río.
Justo al frente se encuentra la Manzana de la Rivera, un conjunto de casas coloniales restauradas que funcionan como centro cultural, ofreciendo exposiciones sobre la historia y cultura de Asunción. La entrada es gratuita y tiene un muy lindo café bar con terraza con vista al Palacio de los López.
Desde allí, una corta pero cansadora caminata por el calor hasta Casa de la Independencia. Construida en el siglo XVIII, esta casa colonial fue el lugar donde se planificó la independencia de Paraguay en 1811. En la actualidad funciona un museo con documentos originales, muebles de época y objetos históricos, de entrada gratuita.
Visitamos el Panteón Nacional de los Héroes. El mausoleo alberga los restos de destacados héroes nacionales. Fue inaugurado en 1936. La construcción se inició en 1863, pero la Guerra de la Triple Alianza la dejó inconclusa por casi 70 años.
De camino pasamos por la Tienda Nueva Americana, que ya habíamos visitado en el Shopping del Sol.
A continuación, la Catedral Metropolitana de Nuestra Señora de la Asunción. El principal templo católico de Asunción, ubicado en el centro histórico de la ciudad. Su construcción actual data de 1845, durante el gobierno de Carlos Antonio López, y se erige en el sitio de la primera diócesis del Río de la Plata.
Y por último, una visita al Centro Cultural de la República El Cabildo, que funciona en la antigua sede del Congreso Nacional, ofrece exposiciones de arte, historia y cultura paraguaya.
Regresamos al hotel para disfrutar de la pileta en la terraza con vista a la ciudad y al río. Refrescarnos era una necesidad.
En la noche queríamos probar el restaurant La María Cocina y Carbón, que funciona en el hotel, pero se encontraba cerrado. Esas cosas tiene la ciudad. Por momentos todo ese empuje y auge de inversiones se ve opacado por cierto aire de desidia provinciana o situaciones que no se condicen con una importante ciudad capital. Cuestión que cenamos en el bar del hotel comida internacional.
Nuestro último día lo decidimos pasar en el hotel Factoría, que se sitúa en el más residencial barrio Las Carmelitas. De camino, el Uber tomó la costanera de Asunción, moderna y vistosa.
En una antigua fábrica de alcohol, el alojamiento se destaca por su decoración, en la que todo es reciclado. Sus instalaciones son muy bonitas, resultando sobresaliente por sobre todo la biblioteca.
Muy cerquita se encuentra la casa de electrónicos Nissei, muy recomendada para la compra de tecnología por sus buenos precios.
Su jardín y pileta nos tentaron para tomar un baño. Antes de que anochezca decidimos tomar un trago en el Dorsia Coctail Bar, un speakeasy que se oculta detrás de una galería de arte, un bar de autor que funciona al mismo como exhibidor de arte local. Las máscaras indígenas de madera lucían esplendorosas en la sala vip del bar, y el mozo Ariel nos hizo un recorrido por su historia y su significado.
Tomamos unos muy buenos cocktails y luego nos dirigimos hasta La Cuadrita, un paseo gastronómico con una oferta variada de restaurants. Allí elegimos a La Provista, pues queríamos repetir la milanesa de surubí. Esa noche era la víspera del cumpleaños del señor @tripticity_. por lo que nos convidaron una torta para celebrar. Pedimos un rosado chileno bien fresquito que anduvo de maravillas.
Para entonces nuestra escapada se terminaba, quedando pendiente conocer el Museo del Barro. Sucede que como era feriado y no abre los domingos, no llegamos a conocerlo. Alberga una rica colección de arte indígena y popular por lo que realmente nos quedamos con las ganas.
Así, al día siguiente luego del desayuno en bandeja del hotel Factoría nos dirigimos hacia el aeropuerto para tomar nuestro vuelo de regreso, mientras celebrábamos el cumpleaños conociendo una nueva y pujante capital.